viernes, junio 19, 2009

Abril en Junio, una historia sin sentido

Era uno de esos calurosos días de abril, vaya que había cambiado el clima por estos lugares, la primavera nos estaba sofocando, sonó el pequeño despertador sobre la pila de libros junto a mi cama, las nueve otra vez, irremediablemente se me había hecho tarde de nuevo.
Salí apresuradamente de casa, olvidando y tirando casi todo a mi paso, jale mi bolso y las llaves, cuando cerré la puerta me di cuenta de que mi perrito se había quedado afuera, el solo me miraba con sus grandes ojos piadosos, busque las llaves en el mar de cosas de mi bolso, abrí la puerta de nuevo y lo metí de nuevo a la casa. Camine por la calle hasta la avenida, el sol aplomo, me subí en el primer micro que pasó con dirección al metro, mi primera impresión era de la gente con el bochorno encima, y la prisa del diario, pobres, o pobre de mi también, que estaba apunto de vivir lo mismo al internarme en la bruma del calor, perfumes y axilas del transporte.
Entre apretujones logré salir del micro, salté un escalón al piso, llegando a la taquilla, por suerte, no había gente, compre boletos y me encamine al torniquete para llegar hasta las escaleras eléctricas, lentamente subimos, y ya en el corredor a correr de nuevo, el convoy se acercaba rápidamente.
Como pude me inserté en el vagón acomodándome en una de las esquinas del vagón, uff, sentía que me sofocaba, no había aire dentro del vagón y faltaban 10 estaciones para bajar, una tras otra abría y cerraban las compuertas, suben bajan apresurados todos, sin mirar, pisando, codeando, y por fin!, mi estación, baje apresurada y salí por las veinte mil escaleras del anden, llegue la acera de la calle caminé deprisa entre la gente que iba y venia sin sentido, al número 289 de la calle y caigo en la cuenta de que, ¡Rayos! es domingo y hoy no tengo que trabajar.

Meg Ramírez

No hay comentarios: